Ciudad Juárez, Chih.— El acceso a las carreras del área de la salud en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez se ha convertido en uno de los filtros académicos más estrictos de la región. En el Instituto de Ciencias Biomédicas, apenas el 10 por ciento de las y los aspirantes consigue un lugar, una realidad que refleja la alta demanda, las limitaciones de infraestructura y la exigencia académica que caracteriza a estas disciplinas.
De acuerdo con la directora del instituto, Tania Hernández, el proceso de selección responde a un análisis interno que considera la capacidad real de atención a los estudiantes. En el caso de la carrera de Cirujano Dentista, por ejemplo, cada semestre se emite alrededor de 900 fichas, pero únicamente 90 aspirantes son aceptados, debido a la disponibilidad de clínicas, salones especializados y personal docente capacitado.
La situación es aún más compleja en Medicina. La demanda supera ampliamente la oferta: de entre 900 y hasta mil fichas que se tramitan por semestre, solo 90 jóvenes alcanzan el estatus de aceptados. Este escenario deja fuera a cientos de aspirantes que, pese al interés y esfuerzo, no logran superar el examen de admisión ni los criterios académicos establecidos.
En contexto, este fenómeno no es exclusivo de Ciudad Juárez. A nivel nacional, las carreras de la salud se encuentran entre las más solicitadas y, al mismo tiempo, entre las más restringidas, debido a los altos costos de operación, la necesidad de prácticas clínicas supervisadas y los estándares de calidad exigidos por los organismos acreditadores.
Ante este panorama, la directiva del Instituto de Ciencias Biomédicas recomendó a las y los jóvenes que están por tramitar su ficha de ingreso tomar una decisión vocacional informada y realista. La formación médica y odontológica requiere una preparación sólida desde etapas tempranas y una clara convicción personal. Asimismo, se subrayó que existen otras áreas igualmente valiosas para contribuir al bienestar social, como nutrición, psicología y salud mental, campos clave para mejorar la calidad de vida de la población.
El llamado es claro y, a la vez, duro: prepararse a fondo, evaluar con honestidad las propias capacidades y, si es necesario, darse el tiempo para replantear el camino profesional. En un sistema donde solo unos cuantos logran cruzar la puerta, elegir con conciencia puede marcar la diferencia entre la frustración y una vocación bien encauzada.
